miércoles, 13 de mayo de 2015

TWO NON BLONDES *


Esa situación tan de madres: a la puerta del colegio, a las 3:00 p.m.
 Estaba yo intentando mimetizarme con mi entorno con todas mis fuerzas, que ya eran asaz pocas, cuando de repente oigo:

-      “Las gemelas rubias, que vengan.”

Lo primero que me vino a la mente fue esto:


Estamos aquíiiii
(Pues ala, coged las mochilas y pa´casa)


Para mi sorpresa, a continuación aparecieron mis hijas.
Que de rubias tienen lo que su padre y yo, y por lo que se parecen actualmente ya casi me suena irreal que sean gemelas.
Para que se hagan una idea, la más rubia de mi casa soy yo. Pero es porque de ordinario luzco unas raíces gris plateado... pues eso, de lo más ordinarias. 
Y las niñas, hemos pasado de que todo el mundo me comente: ¡gemelas!, a tener que oír: ¿gemelas? Noooo, estarás equivocada, mujer... 
(Si, señora, no sé si mis hijas son gemelas o mellizas, o se llevan un par de años, nunca me interesé por el tema, soy gili total, seguro que usted, que acaba de echarles la vista encima, tiene razón. ¿No puede darme algún consejo sobre su crianza? No sabe cuánto aprecio su opinión) (De verdad que a veces entiendo los blogs de madres cabreadas.)

Pues que santa Lucía te conserve la vista, entregadora de niños, maja. Como fisonomista no tienes precio.




Hijas mías:
1.- Para que veáis cuán distorsionada puede ser la percepción de la realidad de algunas personas.
2.-Puestas a no ser rubias, mejor esto 




que esto





3.- y * Tengo que empezar a poner estas referencias por escrito (Four non blondes) porque cuando leáis este blog (dentro de 15 años o así), no creo que funcionen los links de youtube. Esperemos que la wikipedia aguante.

(Me ha parecido ver alguna sonrisilla condescendiente entre el estimado público asistente al blog. ¿Que no? Qué sabréis vosotros. 15 años no es nada para la Madreconcarné. Mis hijas están usando pinturas y lápices de colores... que usaba yo hace 20 años. Es fácil que este verano les ponga alguno de los vestidos de nido de abeja que llevábamos Mamimanitas y yo de pequeñas (quién se lo hubiera dicho a mi tía Mochi, la pobre, que los cosió dejándose la vista, en el sentido más literal posible). Gente fatua y arrogante... No conocéis a la Madreconcarné.)



Nota: lo de blogger y sus formatos de letra acomoamímedélarealgana, no tiene nombre. 





viernes, 17 de abril de 2015

YO TARZÁN, TU JANE *.





- “El verde estaba, y el rojo ahora está.” (Princesa Caradeardilla)
- “Quiero dibujos ver.” (Princesa Caradefresa)



Estimado Epigrafista: esos alemanismos que sueltas últimamente son más peligrosos de lo que crees.(Y no me trago lo de que "casi" no te das cuenta). Cuando vengan las notas de las ninias, toda la culpa va a ser tuya, que lo sepas.




     Hijas mías, cuando hablo de hacer cosas en familia, no me refiero a esto (Caradefresa, que te veo venir) (por más que seamos perfectamente capaces de ello, claro está.):
 
¿Peluquería selvática? ¿Tiene libre para las 9? Es que tengo planazo de excursión con la family.


Bien pensado, un masajito de pies tampoco me vendría mal.



 * Y, una vez más, descubro mi grado de viejunez ante algún avezado lector.

jueves, 16 de abril de 2015

DISCUTIENDO FUERA DEL TIESTO

Vamos por la calle. La Princesa Caradeardilla ha cogido un palo (malditas podas urbanas…) y va señalando con él como si de un ponente con gafas y bata blanca se tratare. Pasamos por delante de una tienda donde, presuntamente, venden fósiles. Hay una presunta calavera de Diosabequé presunto bicho, bien visible. Es enorme. (Presuntamente).

Si no era esto, se le parecía mucho

Andaaaa, esto es un zapato croc con dientes, que no me la dais.


- “Mirad aquí y aprended. Esta es una cabeza de dinosaurio. El dinosaurio se murió porque le cortaron la cabeza.” Y se calla como indicando: “he dicho”.

 -          -  “¡No! ¡No es así! ¡Los dinosaurios se murieron todos de un golpazo!” (sic.) – Replica Caradefresa. Me estoy viendo venir un segundo episodio del tema que más chispas saca entre la chavalería. Ponéos a cubierto.


             -  “¡Que no! Había un jefe de los dinosaurios, y este era el que los mandaba, entonces fueron todos… (tengo que reconocer que desconecté un poco, nunca he llevado bien ciertos liderazgos, y, para ser sinceros, el tema del liderazgo en general)  … ¿a que sí, mamá?”


-        - “Y le cortaron la cabeza a Juan en una bandeja.”


       ¿Perdón? ¿Comoooo?


De la extinción de los dinosaurios, con infiltraciones a lo Ice Age, a Herodes sin pasar por la casilla de salida. No debí desconectar. 


Moraleja: da igual el amor fraterno de la humanidad toda y sus elevados aledaños; ya puedes desdoblarte y destriplicarte en exposiciones y razonamientos glosados de múltiples formas; pasando a tope de las múltiples celebraciones anuales en pro de la paz, la concordia, la solidaridad y el amor universal que cuajan nuestras vidas; dan igual las vivencias ejemplificantes, da igual todo.
Un día, sin querer, le echan un vistazo a un dibujo de un libro arramplado de una estantería antes de que te des cuenta, y para tí tienes.    



Princesa Caradeardilla, hija mía, recuérdame que te cuente algo sobre ciertas churras, ciertas merinas y ciertos procedimientos biológicos sin importancia como la extinción por decapitación masiva.

Princesa Caradefresa, hija mía, te convendría levantar un poco de tabiquería mental (sección dinosaurios: aquí para la investigación científica; aquí para las películas de dibujos animados; aquí para lo que no tiene nada que ver; aquí para lo que no tiene nada, pero nada que ver, y nunca lo tendrá, aunque lo haya visto ayer mismo y no me lo pueda sacar de la cabeza...) 







jueves, 26 de febrero de 2015

ATAQUE DE EGOBLOGGERISMO: TODOS CONTRA LA PARED.


Ataque de egobloggerismo I 
Capítulo guan: patada en la puerta (con stilettos)



No sé a qué cantidad llegaremos, pero siguiendo la corriente (a estas alturas más bien reguero estático), ahí van algunas cosas sobre mi humilde (juas, juas, juas) persona (siempre llegando a las modas en la mismísima cresta de la ola, semos asín).




Tengo las dedas raras. Raras-raras no. Raras chulas.


Algunos lo llaman pie egipcio (craso error, el pie egipcio es el que va en disminución perfecta) o pie griego (esto sí, el gordo más corto que el siguiente). Pero no sólo el segundo es mayor que el primero, es que el tercero también lo es. Buscando una foto explicativa por Internet supe que lo que yo tengo es un caso más que pronunciado de pie griego o dedo de Morton. 



No tanto, pero casi. (imagen de Wikipedia)


Lo que me produce algunos problemas a la hora de comprar calzado, pues las marcas más “ergonómicas” del mercado parten del axioma que los artejos van en disminución de mayor a menor sí o sí. Y claro, eso no es así, señores fabricantes, a ver si miramos más allá de nuestro propio ombligo, quiero decir, de nuestros propios pieses. Somos muchos los del pie griego. Muchos. Entre el 10 y el 22% de la población, según Wikipedia. ¿Seguro que quieren perder tanto mercado? Es un infierno llevar unos zapatos ergonómicamente calculados para otra configuración de hallux, os lo digo yo.


Obsérvese la perfecta y ordenada disminución y su consecuente plataforma sustentante:          La moda está contra mí.
Si yo me pusiera esto iría pisando con el segundo dedo sobre el suelo.                                      Y probablemente con el tercero.

Se pueden comprar más grandes, pero enseguida la punta se queda hecha unos zorros.           Y se ve mucho más.
Vale, podría ser peor. No sé de qué me quejo.


Y os lo dirá mi podólogo. No tengo uno de cabecera (lo tuve cuando me entraba por el seguro, aygs, qué tiempos aquellos), pero es un hecho que cada cierto tiempo tengo que acudir a que un profesional repare los daños infligidos por el continuo choque contra la puntera de los zapatos (no voy a entrar en detalles y menos en esta sede). Porque no hay zapatos totalmente adecuados para nosotros, los del pie griego cuasiextremo. No los hay.

(Me estoy viniendo arriba y poco me falta para iniciar una campaña de firmas)

De lo que es chocar contra la puntera metálica de una bota de obra, mejor hablamos otro día


Que no es tan raro, que no. Recuerdo que cuando trabajaba en cierto museo (esa es otra historia y será contada en otra ocasión. O no, ya veremos), me vi en la tesitura de tener que modelar medio pie. La mitad delantera, para ser exactos. No hay ni una escultura de la imaginería española cuyos pies sean en disminución. Ni una sola. Desde el siglo XVI al XVIII. Créanme. No sólo me recorrí dicho museo de cabo a rabo, incluidos los almacenes (estooo, ejem, esperemos que no consulte este mi humilde blog aquel director al que, en uno de mis mejores momentos diplomacia-apisonadora, no sólo no reconocí, sino que incluso le hice saber que me importaba muy poco, para luego ignorarlo en plena conversación) (¿porqué será que no suelo medrar en mi trabajo? No me lo explico), decía que no sólo me recorrí el museo entero buscando modelos (y no justificación para mi trabajo ante los reparos de mis compañeros), sino que desde entonces cada vez que veo una escultura con los pies desnudos lo primero que hago es comprobar la tipología de sus pies. Creedme. Lo mío debía ser lo normal hasta hace un par de cientos de años.




Se puede decir más grande, pero no más claro
Tu quoque, Miguel Angel
Señores fabricantes: que no es tan difícil, cáscaras.
Si los artesanos de la antigüedad pudieron, usted también puede. 


  Alguna ventaja tenía que tener. Y es que tan descomunal prolongación centrodistal del pie, por alguna razón, debe ser más estable que la configuración estándar. Bastante más. Puedo andar con tacones y punteras (si me gustaran las punteras, que no me gustan) sin que mis pies padezcan, un lapso mucho mayor de tiempo que la media. No me hacen daño las “almohadillas” del pie (nunca entendí porqué venden esos protectores). Creo que no me han hecho daño nunca (ahora que me he puesto tan chula, toquemos madera, hierro, y todos los elementos de la tabla periódica por orden de peso atómico, por si acaso). Mi habilidad para llegar al trabajo caminando a toda velocidad sobre los sampietrini enfundada en unos zapatos salón con 10 centímetros de tacón es proverbial. 


Me gustan mis pies. No suelo pensar en ello, pero ya que me lo preguntáis, sí que me gustan. No sé si es por eso, o que la molicie que me invade se me baja hasta los pies, pero desde que sale un rayo de sol poco antes de San Juan hasta pasado el Pilar, voy en sandalias. Mucho tiene que llover para ponerme zapato cerrado. (Algo tendrá que ver que no me choquen las dedas con el frente de la puntera cuatro meses al año. Más bien.)



Una cosa más. Mi madre siempre dijo que podría reconocer a mi padre exclusivamente por los pies (sé que es un enunciado harto extraño en una madre. En su descargo contaré que había un concurso en televisión para hacer tal cosa). De casta le viene al galgo. Y a la galga.




P.S. El Epigrafista y las ninias también tienen pie griego. No tan acusado (lo mío es para nota), pero innegable. Ya veis. Cuatro personas que distan mucho de tener lazos genéticos entre sí. Va a ser verdad que entre un 10 y un 22%. O que de alguna manera nos atrajimos recíprocamente. Igual es una nueva ley de la física, miratú.


N. del A. Para curiosones: en ninguna de estas fotos aparecen mis pieses. Egobloggerismos, los justos.



Hijas mías:


Ahora ya sabéis porqué hay medio pie de arcilla decorando la estantería del salón. Eso es. El mismo que viste y … calza.

        No os preocupéis, hijas, que en cuanto a calzado molón para pies griegos, tengo hecho un master (no del Universo, pero casi) (Aygs, otra vez delatando mi edad).

Estos. No busquéis más.  Y si te empiezan a doler los pies, siempre puedes desahogarte lanzando unos misiles.

Cuando mandéis hacer mi estatua, recordad no encargar peana. No hace falta.  



P.S.S.
NO, hijas mías, ESTOS NO.


Ni estos tampoco Caradefresa, que te veo venir

martes, 24 de febrero de 2015

LA ARMADA INVENCIBLE


  
        La Princesa Caradefresa aprendió recientemente a hacer barcos de papel. Cuantos que atisba un papel distraído, le coge nosequé arrebato astillero precoz.

No mandé a mis naves a luchar contra los elementos. Ni contra las elementas.
        


             Misterios de la infancia.



       Princesa Caradefresa, elementa mía, quiero decir hija mía, en serio, vamos a tener que empezar a pensar en la posibilidad de que quizás convendría ir tirando alguno...

 

lunes, 23 de febrero de 2015

INVOLUCIÓN



Aquí los deberes de las ninias (mejor dicho los deberes de sus señores progenitores).           Que los llevemos a la caverna docente el lunes por la mañana                                                       Si, habéis visto bien, la piedra es una patata. No seré la que más lo peta del mundo DIY, pero tengo mis recursos.                    
La talla decorativa es un plus. Esperamos subida de nota, y no miro a nadie...






Así, un domingo por la noche en un momento.

Desde aquí quiero agradecer a la cadena de supermercados que tan amablemente me regaló 5 kilos de patatas por mi compra. Me hubiera visto mal...
 
En la prehistoria, la menda lo hubiera petado.


Nota al margen: la talla de motivos tribales en el palo es cosa del Epigrafista; me tiene los cuchillos de cocina escachaos.



Hijas mías: 

1.- Si luego la nota no os da para Oxford o para Quembrich, que no se diga que fue culpa mía.

2.- Sé que a estas alturas del cuento me creéis capaz de cualquier cosa. PERO COMO OS VOLVÁIS A ACORDAR DE LO QUE HAY QUE LLEVAR AL COLE EL DÍA ANTES....